Opinión Paz | conflicto | mujeres

Género, procesos de paz

En la medida en que se le permita a las mujeres incorporarse en la mesa de negociaciones, pueden llevar a una resolución de conflictos eficiente.

En el mundo actual no se puede hablar de ‘complementariedad’ sin el punto de vista interseccional.

A lo largo de la historia, el papel de la mujer ha sido limitado a que sea madre, a papeles domésticos y, sobre todo, a silenciar nuestras voces cuando llegan los conflictos y la toma de decisiones. El tiempo ha demostrado —en su incorporación a distintos procesos, tanto de paz, como financieros, de negocios, etc.— su invaluable aportación a cualquier negociación en la que ha sido tomada en cuenta, resultando en ideas innovadoras y originales que ponen de manifiesto su importancia en cualquier ámbito. Teniendo que ganarse por derecho propio el que deba ser tomada en cuenta en cualquier proceso.

Desafortunadamente, el ser mujer representa infinidad de retos desde la infancia, lo que nos ha llevado a desarrollar diferentes cualidades: el punto de vista femenino conlleva liderazgo, responsabilidad, madurez, inteligencia, entre muchas otras. La política internacional sigue implementando tácticas ortodoxas que gran parte de las veces llega a entorpecer las negociaciones, quitando toda racionalidad, por lo que, en la medida en que se le permita a las mujeres incorporarse en la mesa de negociación, pueden llevar a una resolución de conflictos mucho más eficiente.

Las mujeres tienen un papel fundamental dentro de los procesos de paz, centrándonos en la mesa de negociaciones, pero también en las distintas formas en las que son afectadas cuando llegan las crisis. Es verdad que se han logrado ciertos avances en el acceso de las mujeres a que participen en estos procesos, pero queda un camino sumamente largo por recorrer.

Es imprescindible entender el mundo en el que vivimos y que el escenario político internacional es cada vez más complejo, por lo que los acuerdos y negociaciones necesitan tener una perspectiva de género, en la búsqueda de un diálogo pacífico. Los procesos de paz representan momentos decisivos de la historia, de la trayectoria de un país y tienen consecuencias en la vida de las personas, y es aquí donde la interseccionalidad juega un papel fundamental, donde ninguna de las partes afectadas debe quedar excluida, entendiendo que las necesidades de las personas son distintas, y que la preservación de los derechos humanos debe ser uno de los principales focos de interés, no solo el sector político o económico.

En un gran porcentaje de casos, las mujeres se ven enfrentadas a la falta de recursos para protegerse, y con frecuencia representan, junto con sus hijas e hijos, la mayor parte de las poblaciones desplazadas y de refugiados; por ejemplo, en las guerras se utilizan tácticas específicamente dirigidas contra ellas, como la violencia sexual, y aunque han existido mujeres capaces de liderar movimientos de paz e impulsar la recuperación de las comunidades después de un conflicto, casi nunca están presentes en las negociaciones de paz.

Estos procesos representan una oportunidad y un punto clave para promover los compromisos de un Estado, integrando estos intereses en la definición de acuerdos, instituciones, mecanismos y procesos. La mayor parte del tiempo, las mujeres y agentes de la sociedad civil, quedan fuera del plano de negociaciones, lo que trae como consecuencia que ninguno de estos actores puedan transmitir sus necesidades y preocupaciones durante la toma de decisiones, momento que es sumamente importante, porque es cuando se establecen las agendas correspondientes al conflicto.

La violencia de género es un fenómeno mundial que sigue estando presente en la vida diaria de mujeres y niñas, ya sea en lo público o lo privado, por lo que es necesario que actores que entiendan la problemática estén presentes en las instituciones, tribunales, organizaciones, etc… para poder integrar reglas y normas que vayan de acuerdo con sus inquietudes.

La participación de las mujeres en los escenarios de conflicto debe ser uno de los puntos más importantes dentro de los procesos de paz, así como integrar a las mediadoras y redes de mujeres para lograr soluciones a largo plazo mucho más inclusivas y duraderas.

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