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No a la militarización de México

El tener a la Guardia Nacional en el Ejército únicamente agrava la violencia, obstaculiza el acceso a la justicia, y nos vulnera a todos y todas.

Si algo ya está claro es que el presidente López Obrador no cesará ante su política militarista. Recientemente la bancada de Morena y algunos de sus aliados aprobaron en la Cámara de Diputados una serie de reformas legislativas en pro de la militarización de México al avalar que la Guardia Nacional se integre totalmente, desde la concentración de presupuesto hasta los ejercicios de capacitación, a la Secretaría de Defensa Nacional (Sedena), violando el artículo 21 de la Constitución, y atentando contra la naturaleza de las fuerzas armadas.

Hace tres años, dándole una vuelta a la Constitución, AMLO logró que durante un periodo breve de tiempo el Ejército se desplegará para transitar hacia el fin de la guerra contra el narcotráfico, haciendo la promesa de que en el inter construiría una institución policial de mando y carácter civil: La Guardia Nacional.

La promesa se camuflajeó a tal grado de que él mismo violó su propia reforma constitucional. Designó como líderes de la Guardia Nacional a 27 militares, conformó sus filas con un 77% de castrenses, ordenó su despliegue de manera permanente en todo el territorio del país, y acumuló en esta institución 234 funciones que antes eran de instituciones civiles y actualmente tiene el mayor presupuesto que ha tenido en años.

Paradójicamente, desde su última campaña presidencial AMLO fue el crítico número uno de la famosa “guerra contra el narcotráfico” de Calderón, y ahora él mismo es quien está dotando de más recursos públicos, funciones institucionales, poder político y respaldo jurídico al Ejército.

Nuevamente, pero con tintes distintos vemos que la guerra sirve a nuestros mandatarios como una estrategia de poder. Se empieza por la militarización, dando cabida desde tratos corruptos hasta la concentración de poder, pasando por en medio cualquier acto que se refleje en lo electoral.

Así continúe llena de pantomimas la narrativa obradorista, lo que es un hecho es que no hay manera de velar por la seguridad nacional con el Ejército metido en nuestras leyes, y mucho menos en nuestras calles.

El mantenimiento del orden y de la seguridad pública debe estar reservado primordialmente a la policía, mientras que las Fuerzas Armadas solo se deben involucrar en estas actividades de manera excepcional, regulada y complementariamente.

El tener a la Guardia Nacional en el Ejército únicamente agrava la violencia, obstaculiza el acceso a la justicia, y nos vulnera a todos y todas.

Hoy enfrentamos un serio problema como nación democrática, ya que dudosamente alguien se apuntará por revertir la militarización normativa de estas reformas, pues quien lo haga enfrentará los costos políticos que implicaría una contrarreforma, contra la resistencia del poder militar y una clase política con altos índices de aprobación.

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