Opinión privilegio | racismo | México

De privilegios e incomodidades

En México aún existe gente que considera que únicamente el clasismo es un problema, cuando el racismo también existe y el ignorarlo impide que se haga algo.

La palabra “privilegio” todavía genera incomodidad o molestia; muchas personas todavía se sienten atacadas cuando mencionas que algún aspecto de su identidad o posturas proviene desde el privilegio. Todavía cuesta trabajo admitir que algunas personas nacemos con ciertos privilegios que nos han dado una ventaja en la vida y que, generalmente, estos privilegios intersectan dependiendo de otros factores.

Soy una mujer blanca, heterosexual y cisgénero de ascendencia judía, nacida en la Ciudad de México. Hay diversos factores de mi identidad que juegan en mi contra, pero existen muchísimos otros que me han dado ventajas en la vida, aún sin quererlo.

Analizar integralmente el privilegio es fundamental en el análisis de las relaciones de desigualdad de género. Sé que muchas veces yo he sido parte del contexto racista en México. Sé que he dicho expresiones y palabras que hoy recuerdo con asco y pena hacia la persona que pude haber sido en el pasado. Y sé que todavía vivimos en una sociedad que discrimina a las personas morenas y negras en México.

Mucho se ha hablado esta semana de lo sucedido en el Sonora Prime y Sonora Grill, un establecimiento de lujo que separa sistemáticamente, por órdenes corporativas, a las personas de acuerdo a su aspecto o color de piel, práctica que me parece escandalosa y violenta. Pero poco he visto sobre temas relacionados con la estructura del racismo de la que nacen prácticas de tal índole, así como propuestas encaminadas a erradicarla.

En México aún existe gente que considera que únicamente el clasismo es el problema, que en realidad somos un país clasista pero no racista, como otros, lo cual de entrada genera un problema: la falta de reconocimiento hace que se ignore la realidad y que la discriminación y el racismo en México continúe sin que nadie diga o haga algo.

Hasta hace poco, incluso no había información suficiente sobre el color de piel de las personas en posiciones de poder, entre otras estadísticas, que son relevantes para conocer la dimensión del problema y cambiarlo.

Existe una falta de empatía, de consciencia y de información sobre estos temas. Es más fácil echarlo por debajo de la alfombra que darnos cuenta de nuestra estructura racista y clasista, porque ello implicaría que algunas personas vean en riesgo sus privilegios. Me hubiera gustado que me hablaran de estos temas en el colegio, que la consciencia social fuera parte de la currícula, que más personas se dieran cuenta de las necesidades, pero sin complejos de salvadorx blanco.

Tener privilegios no es nuestra culpa en sí, no lo decidimos y la mayoría de ellos no van a cambiar. No obstante, sí tenemos el poder de alzar la voz en contra de ellos para generar sociedades más justas, para lo cual lo primordial debe ser reconocerlos. Debemos hacer consciencia y comenzar a transformar nuestras realidades, así como dar un paso atrás y escuchar otras vivencias para entender realmente nuestro entorno.

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