Opinión salud | aborto | Estados Unidos

El desafío al principio de progresividad de derechos humanos. La anulación de Roe v Wade

Al negar el derecho constitucional federal al aborto, el gobierno de Estados Unidos hace una invitación a que se cuestionen otros derechos humanos y de salud.

La anulación de Roe v Wade en Estados Unidos, sentencia que garantizaba el derecho constitucional federal al aborto, ha sido un duro golpe a la lucha contra los derechos de las mujeres e identidades con capacidad de gestar. Es sin duda una decisión sin precedente que no solo impacta a millones de personas, sino que también supone una amenaza a cualquier otro derecho humano.

En un escenario internacional en que el quehacer económico, político, social y jurídico estadounidense prevalecen como referente, la nueva sentencia trascenderá fronteras como un voto para que las instituciones de justicia reten los derechos humanos, los derechos reproductivos y de salud. Según el Centro por los Derechos Reproductivos, actualmente 181 países en el mundo permiten el aborto bajo diferentes situaciones y con regulaciones particulares. En contraste, 23 países tienen prohibido por completo el derecho al aborto. Ahora, Estados Unidos se une como un país que no garantiza el derecho a nivel constitucional federal pero que deja abierta la puerta a que cada estado defina. Lamentablemente, una proporción importante de los estados han aprobado o están en camino a aprobar legislaciones que prohíben o regulan fuertemente el aborto.

Lo anterior provoca la siguiente reflexión: esta decisión no solo impacta en materia de derechos, sino que también se refleja en el modelo democrático de gobierno, cuestionando su vigencia y eficacia. Los gobiernos no están respondiendo a la voz de la mayoría, están respondiendo a las voces de las elites. Esto se vuelve peligroso, especialmente en tiempos en que estos grupos de poder buscan regular conforme a conceptos distorsionados del "bien y el mal", sin avocarse a su mandato primordial, regular el comportamiento humano.

Particularmente, Estados Unidos se enfrenta a contradicciones fuertes. ¿Bien tener y usar armas indiscriminadamente, generando matanzas y permitiendo crímenes de odio? ¿Mal garantizar la vida y servicios de salud digna para las mujeres e identidades con capacidad de gestar?

Las mujeres y las identidades con capacidad de gestar abortan por diversidad de razones: socioeconómicas, de salud, por condiciones de riesgo durante el parto entre muchas otras. Sin embargo, mueren a causa de instituciones y grupos de poder (masculinos, blancos y millonarios) que con "fuertes convicciones" y poder de negociación anteponen sus creencias e intereses al derecho a la vida y a la salud digna.

Es una burla que la vida se valore únicamente bajo los términos de las élites, dentro del útero y posteriormente, bajo ciertos estándares socioeconómicos, culturales, étnicos, de preferencia sexual, de apariencia, religiosos y muchos más. Justo en este sentido, la congresista Alexandria Ocasio-Cortez desenmascaró el argumento provida tanto de legisladores republicanos como de los mismos jueces de la Suprema Corte “los mismos individuos que proclaman proteger la vida, van en contra de un sistema de salud universal” […] “¿A caso ellos creen en la vida después del nacimiento?” Claramente no, pues miles de mujeres e identidades gestantes en Estados Unidos morirán tras esta decisión.

No me queda duda que, con convicción, mérito y sin descanso las luchas a favor de los derechos humanos continuarán.

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