Opinión Sánchez-Labrador y López Martínez | competencia | México

¿Existe competencia económica en México?

El aumento de los márgenes de ganancia de las empresas mexicanas se debe en gran medida a que las reglas del juego están mal planteadas,

¿Qué estrategia de negocio comparten las tortillerías de Palenque con las grandes farmacéuticas? Esta es una de las preguntas que aborda el libro de No es normal de Vivian Ríos. Dicha pregunta se resuelve con una simple respuesta: monopolios. Por monopolio se entiende una “situación de privilegio legal o fallo de mercado, ya que dicho productor único posee gran poder en este”. México, en el artículo 28 de la Constitución, tiene expresamente prohibidas las prácticas monopólicas; además de contar con leyes antimonopolio. Es importante que en México exista una competencia económica entendiendo por esta “aquella situación en la que existe un indefinido número de compradores y vendedores para que los precios estén determinados únicamente por las fuerzas de la oferta y la demanda”.

Para que dicha competencia económica funcione en México se creó la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece), un órgano autónomo que tiene la responsabilidad de vigilar, promover y garantizar la competencia y libre concurrencia en el país. Desafortunadamente este no es el caso de México en la práctica. Un ejemplo es el caso de las tortillerías de Palenque que, tras darse cuenta que existía una tortillería con mejores precios que las demás, quedándose así con todos los clientes, decidieron ponerse de acuerdo para bajar los precios de las tortillas. Los tortilleros, al darse cuenta de que la estrategia que utilizaron funcionó, decidieron seguir con dicha organización, pero ahora en perjuicio de los consumidores pues empezaron a subir los precios de las tortillas. Poniendo a estas un sobreprecio del 13%, imponiendo multas a todo aquel que no siguiera la orden del precio fijado, y prohibiendo que se abrieran tortillerías una cerca de la otra. En un par de años el sobreprecio de la tortilla se fue a un 27%.

Esto generó un problema grave, tomando en cuenta que la tortilla es un bien esencial y que el estado de Chiapas es uno de los más pobres de México, pues la gente que ya se encontraba en una situación vulnerable terminaba pagando a un precio altísimo un producto necesario. Se estima que de dicha práctica monopólica se extrajeron 16 millones de pesos.

Este caso de los tortilleros de Palenque es uno menor comparado con todas las industrias en las que no hay competencia, como lo es la inclusión en el mercado privado de medicamentos, o los servicios de estudio de laboratorio y banco de sangre. El problema en México recae en que, a pesar de tener instituciones como la Cofece, los sobreprecios de productos están en todos lados pues los comercializadores buscan abusar del consumidor en lugar de innovar nuevos productos, y todo gracias a que la legislación mexicana favorece que los comercializadores cobren caro.

Andrés Arandillas López, profesor de economía en la Universidad de Pensilvania, dijo que los mexicanos pagamos sobreprecios en casi todos los bienes y servicios, por ejemplo: las frutas, el pan y los materiales de construcción tienen sobreprecios superiores a los 113%. Los lácteos al 95% y las verduras, el transporte aéreo de pasajeros y las tortillas del 30%. Dicho sobreprecio tiene una consecuencia muy clara que implica que la gente día con día con los ingresos que tiene pueda pagar menos bienes y servicios.

Un estudio hecho por la universidad de Princeton estableció que las empresas más grandes de México cobran en promedio el 57% por encima de sus costos de producción. Dicho estudio, nos lleva a reflexionar: ¿cómo es posible que teniendo buenas instituciones de competencia económica (como lo es la Cofece) y tratados internacionales (como el T-MEC) que buscan dicha competencia económica, los márgenes de ganancia de las empresas mexicanas hayan aumentado del 38% al 55%?

Dicho aumento de los márgenes de ganancia de las empresas mexicanas se debe en gran medida a que las reglas del juego están mal planteadas, pues no existen sanciones para los productores o comercializadores que cobran más caro de lo normal. Claro que existen las multas y sanciones que impone la Cofece, pero no existe ninguna rescisión de contrato para aquellos productores o comercializadores que tienen un sobreprecio en su producto y que realizan contratos de compraventa con dicho aumento en el precio.

El artículo 385 del Código Civil de la Ciudad de México sustenta dicha afirmación estableciendo que las ventas mercantiles no se rescindirán por causa de lesión. Aunado a esto, también existen estrategias legales que perjudican la competencia económica como lo son los litigios que impiden el otorgamiento de registros sanitarios y las empresas médicas que se coluden para hacer trampa en concursos públicos y fijar precios por encima de los costos. Esto da como resultado que 4 de cada 10 medicamentos en México que se podrían vender a un precio menor no se vendan a ese precio.

En el caso de los tortilleros de Chiapas, la colusión se terminó y la Cofece le impuso una multa a cada tortillero por el 10% de las ganancias obtenidas durante este periodo. El problema es que este es uno de los pocos casos que ha tenido un buen resultado, pues el procedimiento ante los tribunales por casos de prácticas monopólicas tiene estándares de prueba ridículamente altos, ya que se debe probar la causa objetiva e indicio. En el caso de los tortilleros de Chiapas, la Cofece fue capaz de imponer una multa a los tortilleros porque estos guardaron la información de todas las asambleas de colusión y gracias a esto se pudo probar en tribunales dicha práctica monopólica, pero la mayoría de las farmacéuticas y demás empresas que cometen prácticas monopólicas saben esconder la información, y dado que los tribunales te imponen estándares de prueba de ese nivel, es casi imposible que la Cofece pueda hacer bien su trabajo probando dichas prácticas monopólicas.

Para que la Cofece pueda hacer un mejor trabajo el primer paso es cambiar la ley para que deje de ser tan protectora de los monopolios, pues una de las razones por las que la comisión no puede acabar con estas prácticas monopólicas se debe a que, al momento de tramitar los casos en tribunales, estos te piden estándares de pruebas ridículamente altos. Aunado a esto, las multas que impone la Cofece son insignificantes, comparado con otros países. Un ejemplo claro es el mercado de deuda mexicana. En 2017 la Cofece asignó una multa de 1.8 millones de dólares y no pudo más porque la ley así lo dicta en el artículo 126 de la LFCE. Dicha sanción es ridículamente pequeña comparada con casos similares en otros países, que han dado como resultado sanciones de 3,000 millones de dólares.

Gracias a las trabas mencionadas a lo largo del artículo es que la Cofece puede sancionar a productores pequeños de tortillas, pero casi nunca puede condenar a grandes empresarios. Como ciudadanos es importante que demandemos a los legisladores que le pongan mayor atención a la competencia económica, pues actualmente la ley está diseñada para que la Cofece emita resoluciones de cartón, ya que la comisión puede hacer recomendaciones, pero estas no son vinculantes —o sea que nadie está obligado a acatarlas—. Esta solo puede imponer multas vinculantes una vez que la sanción ya ocurrió, si la comisión no tiene una facultad mayor esta pierde capacidad de prevenir la falta de competencia y sólo puede sancionarla después de que ya ocurrió.

Mejorar la competencia económica y de sus órganos es una política necesaria para poder mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Según Vivian Ríos “al eliminar los sobreprecios se puede aumentar hasta en un 11 3% el poder de consumo de los estratos de ingreso más bajo y con ello disminuir en un 7% el porcentaje de personas que viven en pobreza en México, pasando de 55.7 millones a 51.9 millones”. Esto quiere decir que 3.8 millones de personas dejarán de vivir en pobreza extrema. Esto representa un cambio abismal considerando que en México la pobreza no ha disminuido significativamente desde hace décadas.

Pese a que los programas sociales son una herramienta necesaria para avanzar en la reducción de la pobreza estos no son la única herramienta. Para que México tenga un mejor nivel de desarrollo es necesario tener políticas públicas innovadoras que mejoren la vida de los ciudadanos. Una forma de lograrlo es a través de la reducción de los sobreprecios que crean los monopolios. Si México no tuviera los sobreprecios que tiene, el ingreso del hogar de cualquier persona alcanzaría para comprar un 8.4% más de las cosas que actualmente compran. Desafortunadamente siempre los más afectados son los que tienen menores ingresos, pues se ven más afectados por los sobreprecios. Así, los estados más pobres (Chiapas, Guerrero y Oaxaca) son los más afectados, pues los sobreprecios más la falta de oferta de bienes y servicios en las zonas más remotas, reducen el ingreso de sus hogares en un 47%.

Otra forma de lograrlo es modificando las leyes. Al cambiar las reglas del juego y quitar las barreras que hacen que no todos jueguen de forma equitativa; los ciudadanos podrían jugar en un plano mejor diseñado que deje de perpetuar ciertos abusos que se pueden facilitar como los mencionados a lo largo del artículo.

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