Opinión series | His Dark Materials | Philip Pullman

His Dark Materials: una invitación a ser libres

Hace unas semanas se estrenó la tercera temporada de His Dark Materials y es una historia sobre la importancia de luchar por la libertad de ser quienes somos.

¿Ustedes se acuerdan de esa película, allá en 2007, de una niña montada en osos polares yendo y viniendo con un hurón a todos lados? La Brújula Dorada, la llamaron. Bueno, pues esa película fue un fracaso total y nunca en mi vida les voy a recomendar que la vean. Sin embargo, los libros en los que está basada (La materia obscura, Philip Pullman) son una joya, y afortunadamente hoy tenemos otra adaptación que sí les hace justicia: His Dark Materials.

La historia, en pocas palabras, es la de una niña en un universo paralelo, controlado por un símil de lo que en este es la Iglesia católica, que de acuerdo a la profecía de las brujas, está destinada a terminar con dicha institución. Esta fue la elección, en 2019, de HBO (en conjunto con la BBC) para tomar el lugar de Game of Thrones, antes de que llegara House of the Dragon. Y hoy escribo de ella porque hace un par de semanas se estrenó su tercera temporada y porque es una historia que a ninguno de nosotros nos caería mal: sobre la importancia de luchar por la libertad de ser quienes somos.

Una historia que funciona

Antes de entrar de lleno al fondo de por qué estoy enamorado de esta historia, quiero hablar al menos dos parrafitos de la serie en concreto, porque me parece un mérito importante. Primero, el universo. El mundo, los mundos que creó Philip Pullman en sus libros, estaban hechos para ser encarnados como los encarna la serie: desde una Lyra (Dafne Keen) que se siente idéntica a la del libro —cuando te cae bien y cuando te cae mal, por igual—, a la sensación que se debe experimentar cuando ves todo el poder del Magisterio, hasta —posiblemente— lo más atractivo del universo: los daimonions, las almas de las personas caminando junto a ellas en forma de animales.

Segundo: los personajes. Me encanta esta serie porque, en dos temporadas y la mitad de la tercera, no ha presentado un sólo personaje que sobre. No sólo en las actuaciones (como Ruth Wilson, que hace ver a la Sra. Coulter de Nicole Kidman como obra de la escuela), sino de escritura. Ningún personaje es sólo malo por ser malo, y ninguno es bueno al cien por ciento; todos tienen la textura necesaria para que te encariñes con ellos, o al menos para que los entiendas (que siento que es lo que buscaban en House of the Dragon, pero aquí sí lo hicieron bien).

La blasfemia de ser libres

La materia obscura fue la primer saga de libros que leí en mi vida (y también por eso le tengo un cariño tan profundo), y me marcó desde entonces, porque cuando tienes ocho años y te encuentras una historia en la que los héroes enfrentan a toda una institución, vaya, hasta a Dios, con tal de ser libres, de tener toda la agencia en sus errores y victorias, no la olvidas tan fácilmente.

Y es una lucha que salió de los libros. Una de las cosas que más influyeron en el fracaso de la adaptación de 2007 fue el boicot que promovió la Liga Católica, argumentando que la película le haría demasiada publicidad a una serie de libros que, en su opinión, eran una falta de respeto a la religión Católica. Gracias a esto, el estudio se vio forzado a hacer cambios en la película, que terminaron volviéndola el fiasco que fue.

Ver His Dark Materials no sólo vale la pena porque es una grandísima serie, bien actuada, escrita y dirigida. Vale la pena porque historias en las que la infancia (la mayor forma de libertad que existe) se impone sobre los tiranos, son el tipo de historias que más necesitamos hoy en día.

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