Opinión series | Harley Quinn | Joker

Muerte al superhéroe ¡Que viva Harley Quinn!

Narrar una historia a través de una villana permite jugar con todo lo que los superhéroes no pueden hacer, por ello 'Harley Quinn' es una serie tan buena.

Pues ya terminó la tercera temporada de la serie animada de Harley Quinn. Ahora es mi deber difundir la palabra. No sólo porque es de mis series favoritas, sino porque me parece una aberración que pases un sólo día más de tu vida sin disfrutar de la mejor serie de superhéroes que he visto en mi vida.

Fuera de broma: creo que cualquier serie del MCU se queda corta a la hora de compararla con Harley Quinn. Sí, sí, me dirás exagerado, pero antes de eso, quiero que leas lo que tengo que decir —y si aún así no estás de acuerdo, véla, nomás para mentármela con fundamentos—.

La historia, a grandes rasgos, no es tan compleja: es Harley queriendo volverse la villana más malota y badass de Ciudad Gótica. Al hacerlo, de paso, supera su relación ultra tóxica con Joker, se enamora, madura y crece (sin dejar de ser una encarnación de la locura). Todo dentro del caos, sarcasmo, absurdo y humor negro [el de verdad, no el que sólo es ojete] que esta historia necesita, porque de otra forma no se podría contar. Y, mi parte favorita: dice las cosas que hace falta decir.

Fuera de los límites del superhéroe

Los superhéroes, desde que aparecieron en el mundo de los cómics, han servido para encarar los valores más altos de la sociedad, esos que la gente necesita siempre tener presentes: la propaganda militar, que Superman es el gringo blanco perfecto e ideal, etcétera, etcétera. Esas son y serán las reglas, aunque queramos cambiarlas o adaptarlas a nuestra actualidad.

¿En dónde cabe lo demás? ¿Lo real? En las y los villanos.

Narrar una historia a través de una villana permite jugar con todo lo que los superhéroes no pueden hacer. En palabras del mismo Warner. Antes de la tercera temporada, hubo todo un drama porque la productora quiso censurar una escena en la que Batman practicaba sexo oral a Gatúbela… porque, pues, necesitan vender juguetes de Batman y un superhéroe no hace esas cosas. Una villana sí. Harley sí puede romper esas reglas.

Durante sus tres temporadas Harley Quinn ha construido una comedia de acción como ninguna otra, hablando y tocando temas como lo violento detrás de las relaciones abusivas, la brutalidad —e incompetencia— de los policías, la salud mental y otro montón de cosas con las que la actualidad se está quedando corta. Aquí podemos ver a un Bane decidiendo que necesita terapia, un Clayface cuyo mayor sueño es ser un actor de Broadway, un alcalde poniendo un impuesto a las guaridas para supervillanos para que el ingreso permita hacer de Gotham University una institución pública, una fuerza maníaca de destrucción con un programa de salud universal y sí: un Batman que resulta, pese a sus muchos defectos, ser un amante sexualmente responsable.

Es una serie que vas a verla para poder reírte y llorar en cada uno de sus episodios.

Recomiendo Harley Quinn no sólo por el hype que traigo, sino porque me parece honesta con el periodo en el que llega. Este es el tipo de historias que quiero ver más seguido, y que me gustaría que otras franquicias abordaran sin tanto miedo. Tal vez porque presenta reglas que tal vez nos vendrían un poco mejor hoy en día.

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