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La relación del abuso sexual y los trastornos de la conducta alimentaria (TCA)

Pese al incremento del número de personas con trastornos de la conducta alimentaria, no muchos saben la relación que esto puede tener con el abuso sexual.

“La verdad acerca de nuestra infancia está guardada en nuestro cuerpo, y aunque podemos reprimirla, nunca podremos alterarla, pero algún día el cuerpo pasará la cuenta”-Alice Miller “La verdad acerca de nuestra infancia está guardada en nuestro cuerpo, y aunque podemos reprimirla, nunca podremos alterarla, pero algún día el cuerpo pasará la cuenta”-Alice Miller

En los últimos años, se han empezado a escuchar más y más diversos testimonios de personas que han vivido abusos sexuales durante su infancia. Asimismo, se ha visibilizado la importancia de prevenir este delito y de tener apertura al diálogo con nuestras infancias. Hoy en día sabemos que esta modalidad de maltrato es más frecuente de lo que pensábamos y que, en su mayoría, ocurre por parte de una persona cercana al menor, ya sea un conocido, la familia, amigos cercanos o cualquier persona que tenga cercanía física con las infancias, como los coaches, el profesorado, el personal médico, entre otros. También, hemos entendido que este tipo de contacto sexual sin consentimiento, ejercido muchas veces a través de la manipulación o no comprensión del evento que está viviendo la persona menor, se da en situaciones de poder o amenaza.

Sin embargo, poco se ha hablado de las consecuencias que las personas sobrevivientes de estos tipos de abuso experimentan en las distintas etapas de la vida. Ejemplo de esto es el estrés postraumático, la depresión, el abuso de sustancias, conductas antisociales, hipersexualidad, pero sobre todo creo que poco se ha hablado de la prevalencia de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) como consecuencia de estos casos. Me parece muy importante comenzar a hablar más sobre la relación que existe entre el abuso sexual infantil y los TCA porque esta es la historia de muchas personas sobrevivientes.

De acuerdo con Forbes México, en los últimos 20 años ha habido un incremento del 300% en los trastornos de la conducta alimentaria. La cifra por si sola es escalofriante, pero lo es más aún si analizamos que un gran porcentaje de esa cantidad, es consecuencia del abuso sexual. Si nos enfocamos solamente en México, ocupamos el primer lugar a nivel mundial en casos de abuso sexual infantil, con 5.4 millones de casos por año (Aldeas Infantiles SOS). De esta cifra, se estima que una de cuatro niñas, y uno de cada seis niños, sufren violencia sexual antes de cumplir la mayoría de edad. De acuerdo con las estadísticas, es un problema que afecta en mayor medida a las mujeres que a los hombres.

¿Pero cómo se relaciona realmente el abuso sexual con los TCA? No es una respuesta fácil de responder en un artículo, pero lo que sí podemos empezar a poner al centro de la mesa es que este trastorno mental reflejado en la comida es un mecanismo de defensa al que las infancias recurren para poder subsistir, debido a que el efecto del trauma es tan fuerte sobre su ser que tiene que generar mecanismos de adaptación. Fue Ronald C. Summit quien por primera vez describió el Síndrome de Acomodación al Abuso Sexual Infantil para explicar situaciones traumáticas en torno al abuso sexual, el cual le permite sobrevivir a quien sufre de abuso constante. Lo relevante a entender aquí es que es frecuente que el agresor presione para que se guarde el secreto del abuso a través de amenazas, sentimientos de culpa y vergüenza, lo que aterroriza a la víctima a través de frases como “nadie te va a creer”, “esto es entre tú y yo” o “si mantienes el secreto protegerás a tu familia”.

Lo anterior, lastima la confianza de nuestras infancias y también genera sentimientos de impotencia, traición y desprotección que pueden perdurar a lo largo de la vida. Desde aquí las y los menores comienzan a sentir desconfianza y a creerse responsables del abuso. Hay muchos casos de abuso que nunca han sido descubiertos porque las personas no lo notan o no quieren notarlo, pero cuando llega el detonante y las víctimas deciden alzar la voz, la gente comienza a invalidarlo a través de comentarios como “¿por qué no hablaste antes?”, “es mentira porque esta persona es buena”, etcétera. Esto refuerza la amenaza del agresor de que nadie va a creerles. Las personas que no reciben el apoyo que necesitan potencializan su sentimiento de culpa y vergüenza. Entendamos que el abuso sexual es uno de los eventos más traumáticos e invasivos para nuestro cuerpo y mente, sin importar la edad, y que toda esa vergüenza y culpa que las víctimas suelen cargar se traduce en castigos y odio hacia el cuerpo que experimentó y supuestamente “permitió” el abuso.

Independientemente del trastorno que se presente, la búsqueda de control es la constante, por lo que comienzan a intentar controlar todo lo que entra a su cuerpo contando calorías, alimentos y kilos.

Empezar a hablar sobre trastornos mentales y consecuencias que trae consigo el abuso sexual infantil nos ayudará a prevenirlo y detectarlo a tiempo para poder atacar el problema de raíz y dejar de estigmatizar a las personas que sufren de este trastorno mental, independientemente del origen del trauma. Les invito a seguir informándose para poder crear redes de apoyo que puedan respaldar y ser soporte de todas las víctimas y sobrevivientes.

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