Un año más en el que se acerca el 14 de febrero. Aquel día que compite con el Día de las madres por las flores más caras. Un día que está lleno tanto de expectativas como de gente en restaurantes. Antes de continuar, te aseguro que no es lo que piensas. La idea de este artículo no es tirarle al amor; sino todo lo contrario. De nuevo llega el día del amor, pero ¿y la amistad?
Claro que es una pregunta retórica, el 14 de febrero sigue siendo el Día del amor y la amistad. Pero muchas veces la última parte se ve más como si fuera el premio de consolación. Normalmente cuando no tienes pareja, puedes celebrar el día con tus amistades. Sin embargo, son raras las ocasiones en las personas que están en pareja prefieren pasar el día con sus amistades. Si hiciéramos el ejercicio de observar un poco, ¿cuántas de las actividades o promociones están dirigidas únicamente a las amistades? Por más que se pueda aprovechar el combo pareja o la cena para dos con una amistad, el mensaje suele ser algo como “venga con su pareja a pasar una noche romántica, y si no tiene pareja no se preocupe, si trae a una amistad también es válido para consumir en este establecimiento”.
Lo que sucede en San Valentín con las amistades es tan solo un reflejo de la vida en general. Las amistades se vuelven muy importantes durante la soltería, pero todo el mundo conocemos a esa persona que cuando tiene pareja, deja de ver a sus amigues. Spoiler: esa persona hemos sido todes. Tal vez hay quienes son más evidentes, pero la realidad es que cuando tenemos pareja, comenzamos a pasar más tiempo con ella. Es con quien más planes hacemos, a quién más frecuentamos, con quien mantenemos una conversación continua por mensaje, a quien llevamos a los eventos familiares, con quien pasamos las fiestas e incluso con la que vivimos.
Esto no quiere decir que seamos males amigues, ni siquiera creo que lo hagamos de manera consciente. Eso se debe a que se nos ha enseñado a jerarquizar las relaciones de nuestra vida, y la que debemos poner al centro de todas en nuestra vida adulta es la pareja. Sin embargo, no debemos olvidar que las amistades son de las relaciones más importantes en nuestra vida. Son quienes muchas veces nos sostienen y quienes van a estar al final de cualquier relación de pareja para ayudarnos a recoger los pedacitos. El breve manifiesto de la anarquía relacional propone descentralizar la relación de pareja e incluso dejar de meter las relaciones en cajitas de pareja, amistades, familia; sino construir y vivir nuestros vínculos según la persona, y no por su categoría. Comprender que el amor es un recurso ilimitado que podemos dar a los diferentes vínculos que tengamos. Sin embargo, cuando entendemos al amor no sólo como un sentimiento, sino como una acción que involucra el pasar tiempo y estar para la otra persona, nos metemos en un embrollo.
¿Por qué no podemos pasar el mismo tiempo con nuestras amistades que con nuestra pareja? ¿Por qué sostener estos vínculos resulta en un gran esfuerzo en el día a día?
La realidad es que pareciera que no hay tiempo para las amistades. Por más que intentamos buscarles, resulta que nos vemos cada mes, si bien nos va, pero a veces pueden pasar hasta más de seis meses para lograr coincidir las agendas. Nuestras reuniones terminan convirtiéndose casi siempre en un recap de todo lo que ha sucedido en el tiempo que no nos hemos visto. Para cuando llega el momento de despedirse se queda el sentimiento de que el tiempo que nos vimos no fue suficiente, pero también nos quedamos con la falsa promesa de intentar vernos más seguido.
Claro que la intención está, pero con todas las demás actividades y eventos que hay, la siguiente salida se verá postergada de nuevo hasta meses después. ¿Pero por qué parece imposible hacer tiempo y espacio para las amistades? En lo personal, no me parece que esto que le sucede a la gran mayoría sea una casualidad. Como propone Mutante en su plática con la psicóloga Llamas, vivimos un momento de hiperproductividad donde además pensamos que el máximo logro se encuentra en lo profesional. Esto provoca no sólo que todo nuestro tiempo y energía lo dediquemos al trabajo, sino incluso que ver a nuestras amistades se puede ver como una pérdida de tiempo porque no está enfocado a la producción: “¿Por qué vería a mi amiga un miércoles en la noche cuando puedo aprovechar para sacar pendientes?” o “Contestar el mensaje de mi amigo me va a tomar un montón de tiempo, mejor lo hago después”

Cuando llega el fin de semana, estamos tan agotades que no hay la suficiente energía para organizar planes. Cuando no se está en pareja, puede que nos animemos más para buscar a nuestras amistades y hacer planes, pero cuando estamos en una relación, es mucho más fácil descansar y no hacer nada con la pareja que buscar hacer esto con las amistades. La confianza de la cotidianeidad que existe con una pareja vuelve más sencillo el poder estar así sin hacer nada, que salir por un café con una amistad con quien además vas a ir a platicar varias horas para ponerse al corriente. Entonces de alguna manera se vuelve un ciclo vicioso, en el que nuestras amistades dejan de ser parte de nuestro día a día y por lo tanto cuando es momento de juntarse, es difícil quedar para no hacer nada ya que hay mucho contexto que se debe cubrir. Y de nuevo la salida se postergará hasta nuevo aviso, perdiéndonos de nuevo de la vida cotidiana de nuestras amistades.
Por otro lado, la mayoría de los espacios para ver a nuestras amistades implican consumir. Ya sea ir a un café, a cenar o salir a un bar, se va a gastar dinero. Sobre todo en la vida adulta, cuando dejas de tener un lugar común con tus amistades como la escuela, y debes encontrar nuevos espacios. Esto vuelve todavía más complejo ver a nuestras amistades ya que muchas veces preferimos ahorrar que salir y gastar en el transporte y lo que consumamos. Meter lo de los espacios que se vuelven uno
Si a todo esto sumamos la centralización de la pareja, entonces los tiempos y espacios para nuestras amistades se vuelven escasos. Priorizar a nuestras amistades se convierte en una especie de actitud temporal en lo que se encuentra pareja, como si estuvieran para acompañarnos en ese intermedio y de alguna manera sabemos que ahí estarán - y que apreciamos mucho que sea así - si es que regresamos al intermedio. Claro que tampoco está mal el deseo de pasar tiempo con nuestra pareja, pero ¿deberíamos solo aceptar el hecho de que son etapas en nuestra vida? ¿Sólo aceptar que las personas con quienes tenemos un vínculo son prioridades que cambian a lo largo de nuestra vida? ¿O acaso esto es ir conforme a lo que el sistema espera?
Si de algo estoy convencida es que los vínculos que tenemos, ya sea de pareja, amistades o familia, al final del día son quienes forman parte de nuestra red. La amistad es una de las relaciones más importantes de nuestra vida, nos han visto en nuestros peores y mejores momentos, trascienden el tiempo y hasta pueden cruzar vínculos. Hay personas en nuestra familia a quienes podemos escoger como amistades también e incluso encontrar amistad en nuestros vínculos amorosos y viceversa puede ser algo muy mágico. Darnos la oportunidad de conectar con las personas, conocer sus historias, es una de las cosas que más esperanza me da de esta vida, sobre todo en los momentos que vivimos.
Se sabe que este sistema nos quiere aislades. No se necesita gran ciencia para entenderlo porque lo vemos cada vez más en nuestro cotidiano. Cada vez más dejamos de tener interacción con las personas importantes porque nos apoyamos demasiado en las redes sociales para saber qué es de su vida. Por eso sí concuerdo con todas las personas que afirman la amistad como un acto revolucionario. Estamos en un momento del mundo en el que hay una desesperación por saber cómo podemos contrarrestar a este Sistema, y a veces las luchas más significativas están en lo cotidiano, en contestarle el mensaje a tu amiga.
De nuevo, no es nada fácil, pero sí que es importante. Tal vez podemos empezar por tener conversaciones no sólo de ver cuándo nos veremos o qué haremos, sino traer estas dificultades a la mesa y juntes comenzar a imaginar cómo podemos vivir estos vínculos. En lo personal, construir en conjunto con quienes comparto amistad ha sido una de las cosas más bonitas de mi vida. Intentar darle el espacio y tiempo a mis amistades a veces sí se siente como una forma de resistencia, pero es una que estoy dispuesta a tener en mi vida. Y tal vez todo esto suene muy cursi, pero ¿acaso no es ese el espíritu de esta época del año?


