Cuando se habla de relaciones entre personas que somos parte del colectivo LGBTIQ+ suele asumirse que, por el simple hecho de no ser heterosexuales, estas relaciones desafían por completo las estructuras que sostienen la heterosexualidad obligatoria. Sin embargo, las lógicas heterocis atraviesan diversas esferas de la vida social y afectiva, por lo que también es posible que se reproduzcan dentro de vínculos entre personas de la disidencia sexual. 

Entendemos a la heterocisnormatividad como un sistema que considera la heterosexualidad y la identidad cisgénero como lo normal, universal y deseable. Desde edades tempranas, aprendemos a cumplir con una serie de expectativas en cuanto a roles de género y formas de vincularnos y también empezamos a construir un imaginario de proyecto de vida que vaya de acuerdo con aquello que se considera legítimo. Estas normas, al estar tan arraigadas a nuestro ser, no desaparecen de forma instantánea por el simple hecho de reconocernos como personas LGBTIQ+, por el contrario, en muchas ocasiones, las seguimos usando como referentes a partir de los cuales construir nuestras propias relaciones afectivas y pocas veces nos detenemos a pensar ¿Por qué replicamos un sistema que ni siquiera nos toma en cuenta? 

Es común escuchar frases como “¿Quién es el hombre de la relación?” o “Pero si son lesbianas entonces no tienen sexo realmente” y como éstas, muchas más afirmaciones o dudas reflejan una “necesidad” social de traducir los vínculos disidentes a categorías comprensibles para el imaginario heterocis, como si hubiera un máximo aceptable de disidencia. Aunque estas preguntas provienen del exterior, al estar inmersxs dentro de este sistema, en ocasiones nosotrxs mismxs terminamos organizándonos a partir de dinámicas que siguen reproduciendo expectativas asociadas al género y, en algunos casos, generando relaciones de poder desiguales. 

Además de lo anterior, la influencia de la heterocisnormatividad no se limita a los roles de género. También se manifiesta en la manera en que organizamos y otorgamos el valor de nuestros vínculos afectivos. El sistema heterocis sitúa a la pareja romántica en lo más alto de la pirámide relacional, considerándola más importante que las amistades, la comunidad y cualquier otra red de cuidado.

El modelo de la familia nuclear y el ideal de la pareja monógama, establece que el objetivo deseable de la vida adulta es encontrar una única persona con quien construir un proyecto común, limitando la posibilidad de imaginar modelos relacionales más amplios, donde el cuidado y el afecto no dependan de una única figura central. Aunque las relaciones entre personas LGBTIQ+ desafían la norma heterosexual, pueden seguir reproduciendo la idea de que el amor romántico constituye la forma más valiosa de vínculo humano. Así que, a pesar de que la inclusión de las personas homosexuales dentro de modelos tradicionales de pareja es algo inherentemente positivo, ya que refleja un avance hacia una aceptación de la diversidad, no necesariamente cuestiona las estructuras afectivas dominantes, sino que las reafirma. 

Reconocer la presencia de estas lógicas no implica afirmar que todas las relaciones reproducen las mismas dinámicas. Más bien, supone comprender que construir nuestros vínculos fuera de la cultura en la que hemos sido socializadxs es altamente complejo. 

Las relaciones afectivas son espacios donde se negocian constantemente normas, deseos y formas de poder. Por ello, identificar la influencia de la heterocisnormatividad puede abrir la posibilidad de imaginar otras maneras de relacionarnos, más conscientes y diversas, incluso para las personas heterocis. 

Para concluir, definitivamente, las relaciones entre disidencias tienen el potencial de cuestionar las normas tradicionales sobre género, sexualidad y afectividad, pero no estamos automáticamente libres de ellas. Analizar cómo las lógicas heterocis permean en estos vínculos nos permitiría comprender mejor la complejidad de la experiencia afectiva y así, tal vez, abrir la puerta a pensar formas de relacionarnos que no solo amplíen la idea de a quién amar, sino también cómo hacerlo.

SOBRE LA AUTORA

VALERIA ROSADO VILLALOBOS

Soy pedagoga y educadora sexual, actualmente formándome en mediación artística. Me muevo entre la práctica reflexiva y la mirada crítica sobre cómo se construyen los vínculos humanos, con interés en las dinámicas afectivas, los modos de relación y las estructuras sociales cotidianas. Me nombro como lesbiana, bisexual o cuir según el momento. Mi trabajo cuestiona las normas de género, sexualidad y convivencia, entendiendo las relaciones como procesos en transformación. Busco articular teoría y práctica desde experiencias colectivas, espacios de mediación y saberes situados que se construya en relación con otras personas y la experiencia compartida. 

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