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Jueves 13 de Junio de 2024

Challengers: Orgasmo de película

Hauvery Cetina nos cuenta que, decir que el narrador es el sexo en Challengers es un poco clickbait. Más bien, la narradora es la sensualidad. ¿Por qué?

19 de Mayo de 2024 - 17:15

Challengers: Orgasmo de película

Por Hauvery Cetina

Ya sé que voy llegando tarde a muchas películas, lo siento. Han sido meses caóticos. Sin embargo, acabo de ver Challengers y no quiero quedarme sin escribir de ella. De la forma que tiene de estructurar su historia (una narrativa no lineal bellísima), de que esa estructura no sea gratuita, sino que abone y se relacione con la historia (la historia no es una relación de 13 años, aunque sí, es un juego de tenis), y la forma que tiene de construir una tensión narrativa que se siente, a falta de mejores palabras, como la tensión sexual más natural del mundo.

No puedo (o no quiero) nombrar un sólo protagonista para esta historia. La protagonista es la relación. Entre Tashi Donaldson, una joven promesa del tenis que se chingó la rodilla, con Art Donaldson, su esposo, jugador profesional de tenis en una mala racha, y Patrick Zweig, un jugador talentosísimo que nunca alcanzó su potencial por ser el tipo más arrogante del condado. Todo en medio de un partido de tenis, que explica por qué esa misma relación se volvió en la más férrea rivalidad. 

El narrador es el tenis / El narrador es el sexo

La narración de esta historia se tiene que entender en dos niveles. Sí, es una historia que se narra paralelamente en presente y pasado (el juego de tenis y cómo llegaron hasta ahí). Sin embargo, la voz, el tono por el que se cuenta la historia es un poco más interesante. 

En primer nivel, a lo mejor más superficial, es el tenis: no sólo porque es el espacio en que se cuenta la película, sino porque el guion está escrito así: actos separados por sets, por puntos de quiebre, juego y partido, etc. Y porque las escenas, los momentos de los personajes, se sienten así, como una competencia cerrada, un estira y afloja entre los protagonistas, hasta el clímax. 

Decir que el narrador es el sexo es un poco clickbait. Más bien diré que la narradora es la sensualidad (que sí, sí incluye mucho sexo). Qué bonito se siente ver películas en las que el sexo no se siente gratuito, como película ochentera dirigida por un vato fanfarrón. Aquí, más bien, es un recurso narrativo: la película no se entiende sin él, sin esa tensión sexual que imprime en cada escena, cada interacción y que construye y termina en un clímax digno de ser orgasmo. 

Qué bonito ver crecer el cine

No tuve la oportunidad de ver nacer y consolidar a los mayores íconos del cine. Cuando me enamoré de este arte, Meryl Streep ya era quien era; De Niro, Scorsese, Viola Davis ya eran las figuras que son hoy. Incluso figuras que sí viví para ver crecer, no pude disfrutarlas como se merecen. Anne Hathaway, por ejemplo. Sin embargo, estoy disfrutando cómo actores y actrices brillantes están convirtiéndose en los íconos que van a llegar a ser. Florence Pugh, Thimotée Chalamet (probablemente el ejemplo más claro), entre otros. 

Aquí pude disfrutar a Zendaya. Después de conocerla, cuando chamaco, en una serie bailable de Disney Channel, a verla crecer y crecer hasta ser hoy una de las figuras más importantes de la industria, tanto como actriz como productora, se siente bien. Aquí en lo hondo, en mi corazoncito, se siente bien saber que podemos disfrutar el ver de inicio lo que va a ser el futuro del cine (si la crisis climática nos hace la buena y nos regala unos años más). 

Este es un privilegio que, espero, todos y todas podamos reconocer. Y si aún no les parece tan claro, vean Challengers, dense el gusto. 

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